La muerte del verdugo

Transcurría 1920, bajo la penumbra de la noche en Londres, con aquella particular y fria niebla que encandila todas las luces de la ciudad y hace que aquellos viejos faroles, no alumbren.
En aquella casi madrugada,Deambulaba por la esquina de Kensington donde casualmente me encontré con aquel pequeño bar que suele ser acogedor y que en su interior se escuchan grandes y, en ocasiones, tenebrosas historias que parecen no acabar.
Me acerqué a la barra y pedí  vodka, necesitaba revivir mi cuerpo del frío imponente que calaba mis huesos, mientras observaba a mi alrededor, sintiendo miradas sobre mi y murmullos que venían desde un rincón. 
Me di la vuelta para intentar ver entre la multitud, pero fue imposible, asi que seguí bebiendo tranquilamente. Pasado unos minutos desde un rincón se oye una voz, que contaba una escalofriante historia que todos en silencio escuchaban, la intriga se apoderó de mi y me acerqué un poco más para poder oír.
Contaba aquella historia, sobre un hombre tranquilo de pocos amigos, que solia pasear en la madrugada por Trafalgar, donde caminaba  a paso lento con las manos en los bolsillos silvando una canción.
Nadie sabía de dónde era ni a qué se dedicaba, solo se veía cuando el sol se escondía y la fria noche con su espesa neblina se dejaba notar.
Todos decían que era un fantasma, que aparecía y se esfumaba entre las sombras, nadie reconocía su cara, ni su voz, tan solo la canción que silbaba tenía un sonido particular.
Seguía la historia y todas las miradas estaban atentas,  intentando decifrar el paradero de aquel misterioso hombre.
Contaba el narrador que en aquel lugar se juzgaba a todo aquel que cometiese algún acto indebido llevándolo ante aquél implacable verdugo del pueblo, del que todos comentaban pero que nadie sabía de su existencia.  Fue allí cuando se me vino a la mente aquel misterioso hombre, dejando que mis pensamientos rondaran en torno a aquella historia.
Sentí un escalofrío por la espalda y mi atención fue mas intensa, intentaba sacar mis propias conclusiones pero todo volvía al principio.
Seguí ahí pero ya no escuchaba nada, mi mente estaba en otro lugar, paseando mi mente por aquel oscuro sendero de Trafalgar y comprendí que aquel implacable verdugo era aquel hombre solitario que caminaba en la penumbra de la noche, vacío y muerto en vida por todas aquellas almas que su mano había quitado llevando consigo el peso de una conciencia vagabunda entre el misterio de la noche y espiritus traviesos que revoloteaban por el lugar.
Fue ahí,  cuando tomé el último sorbo de mi copa, caminé hacia la puerta,  volví mi vista hacia atrás y sonriente con un brillo especial en los ojos salí del bar, mis manos heladas las metí en los bolsillos  y caminé solo y errante, silbando una tortuosa melodía como todas las noches entre la espesa niebla de Londres y las sombras de Trafalgar.



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